El hábito que puede cambiar tu cerebro (y no es hacer crucigramas ni sudokus) – Canal i | Noticias de Salta, Argentina y el mundo, las 24 horas del día

El hábito que puede cambiar tu cerebro (y no es hacer crucigramas ni sudokus)

Para observar estos efectos, los científicos utilizaron resonancia magnética funcional antes y después de la experiencia.

La meditación puede reconfigurar el cerebro en un periodo de tiempo sorprendentemente corto. Un estudio de la Universidad de California San Diego, publicado en Nature Communications Biology, encontró que un programa intensivo no solo mejora la eficiencia cerebral, sino que produce cambios medibles en la sangre y en la forma en que se conectan las redes neuronales.

La investigación, liderada por el profesor Hemal H. Patel, partió de la duda sobre qué ocurre en el organismo cuando varias prácticas mente-cuerpo se combinan en un entorno intensivo. Los resultados fueron más amplios de lo esperado. “Hemos sabido durante años que las prácticas como la meditación pueden influir en la salud, pero lo que realmente nos ha sorprendido es que la combinación de múltiples prácticas mente-cuerpo en un solo retiro produjo cambios en tantos sistemas biológicos que pudimos medir su impacto directamente en el cerebro y la sangre”, afirmó el Hemal H. Patel en un comunicado oficial.

Para observar estos efectos, los científicos utilizaron resonancia magnética funcional antes y después de la experiencia. Lo que encontraron fue una reducción significativa de la actividad en las regiones del cerebro asociadas al diálogo interno constante, ese flujo incesante de pensamientos que suele dispersar la atención. En su lugar, emergió un patrón cerebral más enfocado, con mayor capacidad de concentración y menos interferencias cognitivas. Este cambio sugiere un aumento en la plasticidad neuronal, es decir, en la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse.

Pero los efectos no se limitaron al cerebro. El estudio identificó transformaciones fisiológicas que van más allá de lo esperado en una práctica no farmacológica. Tras las sesiones de meditación, los participantes mostraron un aumento en los niveles de opioides naturales, sustancias producidas por el propio cuerpo que ayudan a reducir el dolor. Este hallazgo resulta especialmente relevante porque apunta a mecanismos internos de regulación que podrían sustituir o complementar tratamientos médicos tradicionales.

De hecho, el plasma sanguíneo recolectado después del entrenamiento fue capaz de estimular el crecimiento de neuronas en condiciones de laboratorio. Este dato sugiere que la meditación no solo cambia la actividad cerebral en el momento, sino que podría tener efectos duraderos sobre la estructura y regeneración del sistema nervioso.

Además, los investigadores observaron mejoras en la flexibilidad metabólica de las células, lo que significa una mayor eficiencia en el procesamiento de azúcares. Este tipo de adaptación refuerza la idea de que los estados mentales no son procesos aislados, sino que están profundamente conectados con el funcionamiento físico del organismo.

El impacto también alcanzó al sistema inmunitario. El estudio detectó una activación coordinada de señales antiinflamatorias, lo que sugiere que la meditación puede ayudar a regular la respuesta del cuerpo frente a amenazas externas. En otras palabras, la mente podría desempeñar un papel activo en el equilibrio inmunológico.

Los cambios más marcados se observaron en los participantes que alcanzaron estados de meditación profunda, lo que indica que la intensidad de la experiencia influye directamente en los efectos biológicos. Para el primer autor del estudio, Alex Jinich-Diamant, este punto es clave para entender el alcance del hallazgo: “Este estudio muestra que nuestras mentes y cuerpos están profundamente interconectados: lo que creemos, cómo enfocamos nuestra atención y las prácticas en las que participamos pueden dejar huellas dactilares mensurables en nuestra biología”.

En conjunto, los resultados abren una puerta interesante para el desarrollo de nuevas terapias. Si prácticas como la meditación pueden inducir cambios medibles en el cerebro, la sangre y el sistema inmunitario, podrían convertirse en herramientas complementarias para tratar el dolor crónico, los trastornos inflamatorios e incluso algunas enfermedades metabólicas.

Más allá de sus aplicaciones clínicas, el estudio plantea una idea de fondo que se basa en que la mente no es solo un reflejo del cuerpo, sino una fuerza activa capaz de moldearlo. Y lo hace, según esta evidencia, mucho más rápido de lo que se pensaba.

Fuente: eltiempo