Consumió magnesio por años sin imaginar las consecuencias irreversibles de un ingrediente oculto en exceso: “Tendré que vivir con esto el resto de mi..”

Lo que parecía un simple hábito saludable terminó por condenarlo a un padecimiento irreversible.

Noches en vela. Ardor insoportable en los brazos y el pecho. Dolor al sostener un teléfono o al sujetar el volante.

Así comenzó la “pesadilla” de Andrés López-Varela, un hombre de 39 años de Newcastle, Australia, que tras cuatro años de sufrimiento descubrió la causa de su deterioro: un exceso de vitamina B6 en su organismo.

“No podía dormir. Me despertaba en mitad de la noche con el pecho y los brazos en llamas”, recuerda Andrés, quien describe aquel periodo como “el peor de su vida“. Durante años, su cuerpo le enviaba señales que nadie lograba interpretar correctamente.

Un suplemento aparentemente inofensivo

Todo comenzó con un suplemento de magnesio que su médico de cabecera le recomendó para aliviar dolores musculares después del gimnasio.

“Leí la etiqueta y vi que tenía B6, pero no tenía idea de que pudiera ser peligrosa”, admite. Sin cuestionarlo demasiado, incorporó la dosis a su rutina diaria.

Dos años después, aparecieron los primeros síntomas. “Sentía hormigueo en las manos cuando levantaba pesas”, relata.

Su entrenador le sugirió ejercicios para fortalecer el agarre, pero el problema no solo persistió, sino que se extendió por sus brazos, pecho y omóplatos.

Durante los siguientes años, consultó fisioterapeutas e investigó múltiples diagnósticos, sin éxito.

Un diagnóstico tardío y un daño irreversible

La pandemia de COVID-19 agravó la situación. Al reducir su actividad física, el dolor se volvió insoportable.

“No podía estar libre de dolor a menos que mis manos estuvieran completamente abiertas o cerradas en puños. Tenía que dormir con almohadas sobre ellas para mantenerlas en una posición en la que no me despertara el ardor”, explica.

Le recetaron pregabalina, un medicamento para el dolor nervioso, pero los efectos secundarios fueron devastadores.

“Sufría ataques de pánico, no podía dormir, tenía náuseas y ansiedad. Era un infierno”, recuerda.

Solo en 2021, tras años de incertidumbre, un neurólogo ordenó un grupo de exámenes y finalmente encontró la respuesta: Andrés tenía niveles de vitamina B6 nueve veces superiores al límite recomendado.

El frasco de su suplemento indicaba que podía tomar hasta tres cápsulas diarias.

“Durante un tiempo tomé tres, luego reduje a dos, pero aun así consumía 16 veces más B6 de lo recomendado“, lamenta.

Fuente: diarioadn