Cuatro años de inteligencia artificial: las promesas pendientes y los riesgos que preocupan – Canal i | Noticias de Salta, Argentina y el mundo, las 24 horas del día

Cuatro años de inteligencia artificial: las promesas pendientes y los riesgos que preocupan

En noviembre se cumplirán cuatro años del lanzamiento de ChatGPT, la herramienta que popularizó la inteligencia artificial generativa y desencadenó una carrera tecnológica sin precedentes. Desde entonces, las grandes empresas del sector han prometido avances capaces de transformar la educación, la salud, la economía y la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, los beneficios concretos para la sociedad siguen siendo objeto de debate.

Las compañías de inteligencia artificial han atraído inversiones millonarias y desarrollado sistemas cada vez más sofisticados. Al mismo tiempo, algunos de sus principales referentes han advertido sobre los riesgos que estas tecnologías podrían representar para la humanidad.

La preocupación también alcanza a los mecanismos de seguridad y control. Distintos incidentes han puesto en evidencia las dificultades para limitar las acciones de ciertos sistemas, mientras la industria continúa impulsando el desarrollo de modelos cada vez más potentes.

Promesas tecnológicas y resultados concretos

Los avances de la inteligencia artificial son evidentes. Estas herramientas pueden traducir idiomas, escribir textos, generar código y resolver numerosas tareas intelectuales en poco tiempo. Sin embargo, acelerar determinadas actividades no necesariamente implica transformar de manera profunda la educación, la salud pública o las condiciones de vida.

La educación es uno de los ámbitos donde las expectativas fueron especialmente elevadas. Las empresas tecnológicas presentaron la IA como una oportunidad para ofrecer tutores personalizados y ampliar las posibilidades de aprendizaje.

No obstante, los resultados educativos continúan planteando desafíos. El uso frecuente de asistentes de IA por parte de los estudiantes no demuestra, por sí solo, una mejora en el aprendizaje. Tampoco permite atribuir a estas herramientas un eventual deterioro del rendimiento académico, ya que intervienen múltiples factores.

En áreas como la salud pública, el cambio climático y la prosperidad económica, todavía resulta difícil identificar transformaciones generales que puedan atribuirse exclusivamente a los grandes modelos de inteligencia artificial de propósito general, como ChatGPT, Claude y Gemini.

Algunos de los avances más destacados, en cambio, provienen de sistemas diseñados para resolver problemas específicos. Entre ellos se encuentran AlphaFold, utilizado para predecir estructuras de proteínas, las aplicaciones de IA para la detección del cáncer de mama y los modelos destinados a mejorar los pronósticos meteorológicos.

Estos casos plantean un interrogante sobre el rumbo de la industria: ¿es necesario desarrollar sistemas cada vez más grandes y capaces de realizar múltiples tareas cuando las aplicaciones especializadas pueden ofrecer resultados concretos en campos determinados?

Inversiones millonarias y costos ambientales

La carrera por desarrollar inteligencia artificial moviliza recursos económicos extraordinarios. Según las cifras mencionadas en el informe AI Index 2026 de Stanford, las inversiones en el sector alcanzaron los 582.000 millones de dólares durante 2025.

A esa cifra se suman los recursos necesarios para sostener la infraestructura tecnológica, incluidos el consumo de electricidad y agua y el impacto ambiental asociado a los centros de datos.

Aunque el potencial de la inteligencia artificial es considerable, el debate se centra en si los resultados obtenidos hasta ahora justifican las expectativas y los recursos destinados a desarrollar sistemas cada vez más avanzados.

A la vez, referentes de la industria han advertido sobre escenarios extremos que podrían poner en peligro a la humanidad. Más allá de la probabilidad de esos escenarios, existen preocupaciones más inmediatas relacionadas con la seguridad y el control de los sistemas.

Las fallas de seguridad bajo la lupa

Los incidentes vinculados con agentes autónomos de inteligencia artificial han reavivado las dudas sobre la capacidad de las empresas para controlar sus herramientas.

Entre los episodios mencionados se encuentran casos en los que sistemas de prueba habrían eludido restricciones de sus entornos, accedido a recursos externos o interactuado con plataformas sin la autorización prevista.

Este tipo de situaciones pone de relieve los desafíos que implica desarrollar sistemas capaces de ejecutar acciones de manera autónoma. También plantea la necesidad de establecer límites claros, realizar evaluaciones independientes y definir responsabilidades ante posibles fallas.

La discusión no se limita a la posibilidad de que ocurra un escenario catastrófico. También abarca los daños que pueden producirse cuando las herramientas se utilizan sin controles adecuados o cuando sus mecanismos de protección resultan insuficientes.

¿Es inevitable el avance de la inteligencia artificial?

El debate sobre la seguridad tecnológica puede compararse con el de otros sectores. El suministro de agua potable, la industria farmacéutica y la energía nuclear están sujetos a normas, controles y procedimientos destinados a reducir riesgos.

En esos ámbitos, los beneficios potenciales de una innovación no eximen a sus responsables de cumplir las exigencias de seguridad ni de responder ante los daños que puedan ocasionarse.

Por eso, uno de los principales interrogantes es por qué la inteligencia artificial debería quedar al margen de criterios similares. Aunque ninguna tecnología puede garantizar un riesgo absolutamente nulo, resulta necesario determinar quién evalúa los peligros, qué niveles de riesgo son aceptables y qué consecuencias deben afrontar las empresas cuando fallan sus medidas de protección.

El desarrollo tecnológico tampoco es completamente inevitable. Las decisiones sobre qué capacidades investigar, cuánto invertir, cuándo lanzar un producto y qué medidas de seguridad implementar dependen de personas, empresas y gobiernos.

En consecuencia, la discusión sobre la IA también es política, económica y regulatoria: involucra la distribución de beneficios, la prevención de daños y la responsabilidad de quienes diseñan, desarrollan y comercializan estas herramientas.

El impacto en los países del sur global

La cuestión adquiere especial relevancia para los países del sur global, que cuentan con una influencia limitada sobre las decisiones de las grandes compañías tecnológicas, pero pueden verse afectados por sus consecuencias.

La instalación de centros de datos, por ejemplo, genera debates sobre el consumo de agua y electricidad, el uso del territorio y las prioridades de inversión. En países con recursos limitados, las autoridades deben evaluar cómo atraer inversiones sin descuidar las necesidades de las comunidades.

La competencia por captar proyectos tecnológicos también puede generar tensiones entre los beneficios económicos esperados y los costos ambientales y sociales. Por eso, contar con regulaciones, mecanismos de supervisión y capacidad de negociación resulta fundamental.

Desinformación, contenido artificial y vigilancia

Durante estos cuatro años, la inteligencia artificial también facilitó la producción masiva de contenidos digitales. Entre sus efectos se encuentran la proliferación de textos, imágenes y videos de escaso valor, conocidos como AI slop, y la creación de deepfakes sexuales sin consentimiento.

Estas herramientas pueden utilizarse, además, para producir y difundir desinformación a gran escala y a bajo costo. Esto representa un desafío para la confianza en los medios, la circulación de información verificada y el debate público.

A esos riesgos se suma el uso de tecnologías de inteligencia artificial en sistemas de vigilancia, reconocimiento facial y aplicaciones militares, incluidos sistemas vinculados con drones de guerra.

El impacto de estas herramientas depende de cómo se desarrollan, quién las utiliza y qué controles existen para prevenir abusos.

Cuatro años después, las responsabilidades siguen en discusión

La inteligencia artificial demostró capacidades técnicas significativas, pero muchas de las grandes promesas de transformación social todavía no se tradujeron en resultados generalizados y verificables.

Mientras tanto, crecen las inversiones, aumenta la infraestructura necesaria y se multiplican las preocupaciones sobre el impacto ambiental, la desinformación, la privacidad y la seguridad.

La posibilidad de obtener beneficios extraordinarios en el futuro no elimina la necesidad de evaluar los costos presentes ni justifica aceptar cualquier nivel de riesgo. El desafío consiste en aprovechar las oportunidades de la inteligencia artificial sin dejar de exigir controles efectivos y responsabilidades claras a quienes la desarrollan y comercializan.

A casi cuatro años de la popularización de ChatGPT, la pregunta ya no es solamente hasta dónde puede llegar esta tecnología, sino también quién debe responder por sus consecuencias y cómo garantizar que sus beneficios alcancen al conjunto de la sociedad.